Tenis histórico


Por Guillermo Salatino

Copa Davis Argentina vs. Rumania 1981
Cerca del bochorno

No se puede analizar técnicamente la actuación de los argentinos contra los rumanos sin resaltar el tipo de superficie que pusieron los locales. El fin, sin dudas, fue perjudicar a nuestros jugadores más que favorecer el rendimiento de Rumania: eligieron un cemento con una pintura que, a la vista, no era la convencional en canchas similares como las del Abierto de los Estados Unidos, por ejemplo. El piso era totalmente liso, sin rugosidad; la pelota no tomaba ningún tipo de efecto; el top spin hacía “patito”, picaba bien bajito y patinaba.
Dadas las características de Guillermo Vilas, luego del pique de sus tiros, la pelota quedaba justo para el que está acostumbrado a golpear a la altura de la cintura. Eso hizo que el rendimiento de los tenistas argentinos, especialmente Vilas, bajara notablemente. La cancha de Timisoara fue la más rápida que jamás vimos en el mundo, en una competencia oficial, hasta Minsk 2004, también por Copa Davis. Aquella vez los bielorusos pusieron hielo...
Los nervios de la noche previa, con los problemas que eran de dominio público, hicieron que el primer partido se jugara, para los argentinos, en un escenario poco común. En medio de un ambiente tenso Vilas enfrentó a Dirzu, que era el más flojo de los dos rumanos, sólo con su servicio a la altura de la circunstancias. Pero detrás de su saque no había argumentos como para concretar un juego sólido. Con ese panorama Vilas necesitó de los games iniciales para adaptarse e ir soltándose. Su único problema se centraba en la devolución y en los fallos de los jueces de línea rumanos: el árbitro italiano Di Capri tuvo que corregir más de una docena de puntos que favorecía a los locales. Una vez controlado ese aspecto, el argentino dominó en todo momento. El match tuvo además otra alternativa: a causa de la lluvia se suspendió durante tres horas, lo que sin dudas le vino muy bien a Vilas, ya que en ese lapso se tranquilizó para dominar luego el servicio de su oponente y el partido. No jugó bien pero le alcanzó para dar el primer punto.
La tarde había avanzado mucho y sólo faltaba una hora para el horario límite, las 21, para finalizar la jornada. En un estado que no era el mejor -José Luis Clerc se había acostado a las dos de la mañana luego de vivir circunstancias durísimas- tenía que enfrentar al mejor de los rumanos, Segarceanu, de 20 años de edad. El comienzo nos hizo temblar: 3-0 arriba para el local, que nos dejaba toda la sensación de que Clerc pagaría caro la trasnochada. El rumano, jugando de fondo, estaba totalmente adaptado a la cancha rápida. Con su contragolpe, excelente revés y buenas piernas tenía argumentos suficientes para inquietar. “Batata” recuperó el servicio y, al igual que Vilas, se fue soltando con el correr de los juegos y, cuando se determinó la suspensión, pudo quedarse con el primer set por 6-4 y nos hizo respirar a todos.
Estábamos seguros que, 24 horas más tarde, bien dormido y con mayor tranquilidad, no tendría problemas a pesar del muy buen nivel mostrado por Segarceanu. A las 13 del otro día Clerc entró a la cancha solo. El capitán, Graetz, tal como había ocurrido el primer día, era una figura decorativa. Igual salió decidido a terminar con las aspiraciones locales: realizó una exhibición de tenis total. Colocó un 80% de primeros saques y con esa base dominó el encuentro hasta pasarlo por arriba a su rival, que parecía perdido todos los aspectos. La potencia y la velocidad de los golpes de Clerc fueron de tal factura que en más de una oportunidad Segarceanu se quedó inmovilizado aplaudiendo.
Nosotros entendíamos que con el score 2-0 resultaba inútil exponer a Vilas y a Clerc a un enfrentamiento público. Los argumentos de Graetz, aunque lógicos (“Son los dos mejores y pensé que iban a actuar profesionalmente”) no nos convencieron. En primer lugar Cano era un excelente doblista; se había adaptado perfectamente a la superficie. Era el indicado para ser incluido, con Vilas o con Clerc. El dobles es un juego de equipo. Es imposible jugar cada uno por su lado. Pero de lo que pudieran rendir tenísticamente, en la cancha se hubiera evitado una situación que vivimos todos, dejando una imagen triste y muy cerca del bochorno.
No se podía analizar técnicamente el partido. Los rumanos, en condiciones normales, no le podían sacar más de tres games por set a Vilas y Clerc. Pero fue un dobles donde el que estaba en la red no se cruzaba; cuando la pelota iba al medio era tierra de nadie. El dobles se juega molestando al rival y por el medio. Se dieron ventajas que hasta un novato podría haber aprovechado. El bochorno fue tal que en los cambios de lado Graetz tenía su silla mirando a la cancha, como es costumbre, y Vilas y Clerc con las suyas mirando uno para cada cabecera. Bien al viejo estilo “Wimbledon”.
Al otro día Vilas debía definir con Segarceanu. Pero el dobles hizo que el rumano se agrandara y el argentino tuvo que luchar denodadamente con su rival y con su propia impotencia. Su tenis no tenía la potencia ni la profundidad de otras épocas. Como si eso fuera poco, sus tiros no tomaban los efectos que generalmente complicaban a cualquiera. De esa forma, Vilas presentaba un tenis ingenuo; su velocidad intermedia le venía al dedillo al rumano. Poco a poco tomó confianza hasta hacer que el argentino tuviera que apelar a toda su fuerza interior. Gracias a esa fibra pudo superar a un adversario que jugó, a no dudarlo, por encima de su nivel normal. De cualquier forma, es necesario dejar sentado que para Vilas esa superficie era injugable. El calor, incluso, hizo que las pelotas tomaran mayor temperatura y fueran más veloces aún.
Cuando estaba dos sets a uno a favor, Vilas lucía sin aire. Aprovechó el descanso para recuperarse y pensar un poco más sobre la táctica a emplear. Después vino Cano contra Dirzu, sin ninguna importancia en el resultado, pero sirvió para mostrar el talento y el toque que habían estado ausentes en los encuentros anteriores. Cano era menos que Vilas y que Clerc; no tenía ni la potencia ni la solidez de aquellos, pero para los que gustan del tenis sutil y lleno de lujos, fue un regalo para la vista. Más allá de eso, culminada la serie, Clerc dijo “Graetz o yo”. Y Graetz comentó: “La Asociación es la que decide”. Tanto a Vilas como a Clerc les interesaba llegar a la final. Y por eso estábamos seguros que jugarían el siguiente encuentro, con Gran Bretaña, por encima de toda polémica, como siempre.

* Presente en la serie disputada en Timisoara.

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Periodista deportivo de Radio La Red y FOX Sports

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