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Un libro tan atrapante como polémico

OPEN: CUANDO AGASSI ABRIO SU CORAZON

La sombra del padre

Como viajando en un tren bala, con el vértigo de una montaña rusa; así leí "Open" del ex tenista André Agassi. "Abro los ojos y no se donde estoy", arranca aludiendo a su vida de trotamundo mientras espera el inicio de un partido - que podría ser su ultima participación en el US Open- ante el chipriota Marcos Bagdathis.
Una frase del biografiado hace de hilo conductor de todo el relato: "Odio el tenis, que acabe esto. No estoy preparado para que esto acabe". El nudo de la primera parte del libro es un tema de plena vigencia en la literatura y el cine: la relación padre -hijo.
De movida nos encontramos con que la presión y hasta la crueldad es para el progenitor la clave del éxito de su vástago. La pregunta viene al lector como al galope: ¿hasta que punto tal estilo de ejercer la paternidad fue el embrión de un supercampeón deportivo?
En otras palabras: ¿En cuanto influyó en el destino del personaje la inclemencia de su padre?, o al revés ¿que hubiera sido de André sin ese "tipo de papá"?
El texto desgrana ejemplos de como Mike Agassi (un ex atleta olímpico iraní que trabajaba en un Casino de Las Vegas) fue marcando su impronta en André:
* Le diseña un "dragón", máquina lanza pelotas frente a la cual el niño de 4 años no puede fallar "Devuélvela antes", aparece gritando el padre.
* Este último suele traer al predio -donde prepara a su hijo- a tenistas de renombre. Un día pasa por allí nada menos que Jimmy Connors pronosticando que Andre será "un buen jugador".
- Ya lo sabía -reacciona el papá y continúa diciendo- "¿Buen jugador?.. Será el N 1 del mundo".
* El protagonista del libro ahora tiene 9 años; su padre apuesta dinero a que Andre le gana un partido a Jimmy Brown (crack del fútbol americano) La tensión parece insoportable. El chico se impone y la bolsa queda para la familia Agassi.
* Una mañana aparece en escena Philly, hermano de Andre, quien una mañana sopla al oído del "elegido": - Papá te va a dar unas pastillas, ese día jugá mal-. Andre se deja vencer y el padre nunca más le dará esa droga.
Muchos años después, en la cima del tenis profesional, Andre cede en una semifinal ante Pete Sampras. Algo mal de salud, desde su cama el padre le rezonga.
- Deberías haberle jugado más al revés.
- No te preocupes Papá.
La próxima vez que aparecerá en escena Mike Agassi, será para cerrar el círculo. Como un "león herbívoro" le aconseja al protagonista de la historia: "Dejá el tenis. Vete a casa. Ya lo has hecho. Ya está". Cae el telón del primer acto.

Del odio al amor

Un sello en los comienzos de la carrera de Andre Agassi fue el de discípulo del renombrado hacedor de promesas del tenis, Nick Bollettieri. En la Academia de Brandenton, Florida, es donde Andre se hará tenista y hombre.
Se pone un aro, se hace un peinado con flecos como señal de rebelión. Estudia a medias, sabe que el interés del lugar de reclutamiento es formar campeones con la raqueta en la mano, no que salga de allí un Norman Mailer.
Andre es algo así como un "niño mimado", al punto que un compañero -el luego también consagrado Jim Courier- festejará en la cara bronceada de Bollettieri la jornada en que consigue doblegar a Agassi.
El teenager de Las Vegas recibe 20.000 dólares de Nike, llega la fama, un día piensa en abandonar todo, deja sus raquetas en el Central Park, rompe con su novia de la infancia.
Pronto conocerá a Gil Reyes, el entrenador que le cambia el físico y se convierte en una especie de sustituto del padre.
Especialmente memorable es el día que siendo ya Agassi un profesional se suma a su team Brad Gilbert para tomar el papel de coach.
En un restaurant en Key Biscayne comparten la velada Brad, Andre y el representante de este ultimo.
Gilbert amenaza con levantarse porque no hay "Bud Ice" y otra cerveza no toma. Va a comprarla a un supermercado y regresa a la mesa. Y empieza a hablar. Brad opina que el problema básico que amenaza terminar con la carrera de Agassi es el perfeccionismo. Apunta: "Intentas que todas las pelotas que lances sean grandes puntos, cuando en el 90 % de los casos con mantener un rumbo consistente alcanza. Deja de intentar noquear a tu rival. Deja de pensar en ti, ten en cuenta que del otro lado de la red hay un jugador que tiene puntos débiles. Ataca sus debilidades. No tienes que ser el mejor del mundo, alcanza con ser mejor que el otro. Conoces el Casino: la banca siempre gana. Intenta ser banca. Habrá cinco días al año en que te levantas perfecto, que no puedes perder con nadie. Pero esas cinco veces al año no son las que te hacen jugador de tenis. Con tu talento, si mantienes el juego en un 50 % pero la mente en un 90 % terminarás ganando; si los indicadores se invierten, acabarás perdiendo". Y concluye esa especie de monólogo: "En los Majors tienes que ganar 7 partidos al mejor de cinco sets. Eso hace 21 sets, con esas cartas ganás: Black Jack!".
En cuestiones del corazón Andre conoce a Barbra Streisand, 28 años mayor. Le sugiere volver a cantar, es como un amor platónico; entra en un mundo desconocido que seguirá explorando al vincularse con la actriz Broke Shelds a quien acompaña a estudios televisivos , se siente molesto en ese ambiente, la cela, el amor se esfuma.  
En el tenis bebe la gloria, es N 1 del mundo, ha triunfado en los Grand Slam, excepto todavía en Roland Garros. Busca motivación. "Paso varios días por las calles de Palermo (Italia)... me siento vacío. Nunca quise ser N 1, sino triunfar en el Abierto de Paris".
Una tarde se siente perdido, consume drogas, pero consigue eludir una fuerte sanción aduciendo falta de intención y que no sacó ventaja. Cae al 141; será faena de Gilbert y Reyes resucitarlo. Y un día de 1997 levanta el trofeo del Grand Slam sobre polvo de ladrillo.
Vendrá el desfiladero hacia la despedida. Brad baja la persiana. "Ya tienes una familia, necesitás un nuevo motivador", le dice. El final se acerca.
Por la lupa de Andre pasan finales memorables y sus competidores, entre ellos varios argentinos empezando por Franco Squillari, con varias menciones a Guillermo Coria. También se refiere al conocido episodio de julio de 1988 en el Buenos Aires Lawn Tennis por la Copa Davis. Cuando superaba a Martín Jaite por 2 sets y 4-0 en el tercero, Andre se mandó la "canchereada" de atajar un saque de su adversario con la mano dando por concluido el game. "El frío me tenía entumecido. Mi reacción fue producto de la estupidez, no de la arrogancia", ensaya como disculpa tardía (se cuenta que aquella tarde en el vestuario recibió una "filípica" nada menos que de John Mc Enroe).
El otro personaje inevitable del recorrido es su gran rival, Pete Sampras. Primero lo observa junto a Bollitieri siendo Pete adolescente; ambos pronostican que no llegará a nada. Con el tiempo, Pete será la piedra en el camino de Andre, quien así lo reconoce al mismo tiempo que describe esos pleitos con una especie de fascinación. "Quisiera hablar con Pete de cosas como el matrimonio, pero a pesar de nuestra casi amistad somos desconocidos", reflexiona con un dejo de amargura sobre la relación extra tenística.
Andre se casa con una de las mejores jugadoras de todos los tiempos, Steffi Graf (como la conoció y las idas y vueltas son una entretenida comedia). Es un hombre enamorado. "Veo a Steffi y mis dos hijos, somos cuatro superficies distintas y a la vez un equipo".
Entonces busca con ella una experiencia común: "Cuando le digo a Steffi que odio el tenis, ella me dice: ¿No lo odiamos todos?".
Sin embargo, el desenlace de la película los encuentra retirados, jugando en una cancha pública de Las Vegas.
Se divierten. De pronto Andre recuerda que tiene cosas que hacer. "Pero no puedo evitarlo. Solo quiero jugar un poco más". The End.

C.R.

Colaboración honoraria.


Por Claudio Ravini