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Copa Davis/Argentina

• Mariano Zabaleta, Gastón Gaudio, Lucas Arnold Ker, Agustín Calleri y Gustavo Luza (capitán) el seleccionado nacional en la serie disputada en Málaga en 2003.


Copa Davis Argentina vs. España 2003
Málaga, envuelta por la irreflexión

Fue una guerra de poderes. Con todas las letras. Primero, en la arena de juego -nunca mejor aplicado el término, porque de la superficie afloraba ese material mezclado con polvo de ladrillo-, después en las tribunas, con dos bandos apoteósicos; también en lo mediático, con declaraciones sospechadas, opiniones suspicaces, descréditos arrogantes... Una serie marcada profundamente por sensaciones tan diferentes como lacerantes. Que bordeó los precipicios de la alegría, la amargura, la risa y el llanto. Todo mezclado. Y en medio de tantas locuras ajenas y propias, estuvo el tenis, tímido, como pidiendo permiso para hacer entender que, al fin y al cabo, estábamos viviendo un encuentro deportivo.

Allí estábamos finalmente, con un entorno envuelto entre suaves montes, el inacabable mar azul que cobijaba los postreros esbozos de la temporada alta y el sol, que generando como promedio 25 grados, no molestó en absoluto, al menos a quienes no teníamos que correr detrás de una pelotita. En esas condiciones se jugó y no varió demasiado con las que podríamos pedir en Buenos Aires, por ejemplo. El primero de los “entreveros” bajó de las gradas: 12.000 gargantas locales contra 2.000 visitantes -las argentina-, dispuestas a entablar una lucha desigual en número pero emotivamente pareja en el rendimiento de los decibeles. Porque fue conmovedor escuchar cómo el “vamos, vamos, Argentina...” eclipsó muchas veces el “a por ellos, oé...”, de los lugareños... Apenas comenzado el primer encuentro supimos que aliento no faltaría, que los muchachos que se jugaban la cruzada tenían sus espaldas bien cubiertas y que nada ni nadie aplacaría semejante entusiasmo. Un “10 felicitado” para los hinchas.



• Imponente vista desde lo alto del estadio tubular montado en Málaga.

En el aspecto social es justo reconocer que no se detectaron grandes controversias. El “primer mundo” que disfrutaban los españoles se trasladó a ese paraje privilegiado en Málaga. Los cánticos nunca fueron agresivos: al “Sobreviviré” de Gloria Gaynor que adoptaron los de la Madre Patria le seguía un “Argentina, Argentina”; al “España, España” un “Maradooo... Maradooo...” y así, uno tras otro. ¡Si hasta se respetó cada asiento designado por las entradas, que mezcló locales con visitantes! Sólo apareció una mancha gris durante el doble, cuando desde el sector argentino más espeso arrojaron unas monedas hacia Corretja y Costa en medio de un discutido punto en el séptimo game del tercer set. Y más tarde, con la presión en crecimiento, no quedó simpático cantar “el que no salta es español...” Pero eso fue todo: casi no existió intervención policial, o al menos no se notó. Nadie se quejó en ese sentido. La fiesta se vivió como una fiesta. Y punto. Es más, cuando nos fusionamos entre la gente “nadando” por la famosa ola donde más caliente ardía, encontramos a españoles y argentinos juntos -por eso de la ubicación que les tocó en suerte- y la cordialidad le ganó por goleada a cualquier principio de insulto, que si bien los hubo, fueron los menos y nada sobresaliente.

El segundo “jaleo” emanó del rectángulo naranja muy oscuro que los jugadores españoles pidieron a sus dirigentes para la ocasión. En el estacionamiento del Pabellón José María Martín Carpena se montó un gigante de caños y plástico que nunca generó confianza hasta que el viernes se pobló con los fans que alimentaron el ego de los gladiadores. Allí nos sentimos más seguros: la estructura era sólida y preparada para resistir los saltos y los zapateos de los dos bloques de espectadores. La falla local fue que recién estuvo terminada 15 minutos antes del peloteo inaugural y durante toda la semana, en los entrenamientos, los ruidos de martillazos, soldaduras, operarios gritando, chapas que caían y hierros golpeándose, fueron interminables e insoportables. ¡Y los que tenían que entrar a la cancha para observar algún entrenamiento debían ponerse un casco de obrero de construcción! Es que las medidas de seguridad fueron terminantes, sobre todo luego de un fatal accidente donde murió un operario marroquí -por el que se guardó un minuto de silencio antes de iniciar los partidos-, que obligó a suspender las obras un tiempo.

Resultó ser el estadio temporal más amplio construido en España, superando las 12.500 personas que entraron durante las semifinales de 2000 en Santander. Medía 16 metros de alto, 95 de ancho y 111 de largo. Hasta nos informaron del peso: 900 toneladas, algo así como cinco Boeing 747. El Ayuntamiento de Málaga pagó 600.000 euros a la Federación Española de Tenis por organizar el match y una cifra similar para montar el estadio. No ganaron más de 50 mil euros, pero el objetivo era promocionar turísticamente el lugar que, además, contó ese domingo con el partido Real Madrid-Málaga. Calcularon que la ciudad ganó más de tres millones de euros por el consumo de más de 8.000 fanáticos que la visitaron…



• Agustín Calleri luego de una devolución paralela que cerró el cuarto punto: derrotó a Juan Carlos Ferrero, Nº 1 del mundo, por 6-4, 7-5 y 6-1 y encendió la esperanza argentina.

Por fin llegó el día. Gaudio contra Ferrero y un momento de claridad: “Empecé bien y él estaba errando bastante, pero cuando me puse 3-1, 40-15 y fui a la red para cerrar, me pasó bien. De allí en más se escapó. De pronto me encontré muy rápido abajo en el segundo. Tuve mi oportunidad y la perdí. Los games se iban, se iban y... se fueron todos. Nunca jugué así con él, siempre fueron partidos parejos, pero no fue el N° 1, fue el N° 0 del mundo”, explicó Gastón. Si bien se tocaba el codo derecho casi constantemente, por una molestia que ya traía desde el US Open, él no lo utilizó como treta: “Nunca vi chance de entrar en el partido. Cada cosa que intentaba no me salía o él hacía algo mejor... Me dolió el codo toda la semana y lo sentí un poco a medida que avanzaba el partido, pero en absoluto fue la causa de la derrota. Ferrero jugó perfecto. Es así, yo vine, di la cara, pero perdí. Sentía impotencia, como que no tenía oportunidades... Aunque suene ridículo, creía que podía recuperarme, pero Ferrero jugaba cada vez más sólido. No es lo mismo que el partido de Moscú con Kafelnikov, donde estuve a un punto. Quería jugarle más profundo, largo y alto y no pude hacerlo...”, se sinceró.



• Golpea Lucas Arnold Ker, atento Agustín Calleri en el doble que consiguió descontar en el marcador.


Ferrero comentó después que había sido una “masacre física” ese primer set, que duró más de una hora. Hubo siete breaks y nadie sabía quién saldría airoso. Fue el local. A partir de lograr ese parcial Ferrero tuvo el vía libre para mandar y hacerse fuerte, muy fuerte, y ganar todo lo que se propuso, cuando Gaudio fue una sombra del tenista que habitualmente era. Todo pasó, como reconoció el argentino, demasiado velozmente. Y cuando las cosas no salen, no salen. Las críticas que llovieron sobre Gaudio, muchas generadas por lo visto por televisión, tenían estrecha relación con la imagen que Gastón mostraba dentro de la cancha. Fue un compendio de extremos: ser lapidario con su revés, no cometer errores durante largos games, armar jugadas inverosímiles, ganar sin brillar, caminar en vez de correr, no expresar disgusto alguno cuando perdía por escándalo, aparentar desgano...

Él fue siempre así y los que conocían su forma de sentir al tenis sabían que la procesión le corría por dentro. A la distancia, una cosa está clara: no fue una postura. Era lo que sentía. Así cobró categoría de dios cuando bajó cabezas en el camino exitoso que recorrió. Y así, también, se lo apedreó cuando cayó sin pena ni gloria ante el mejor jugador de ese momento. Su mal día terminó de derrumbarse con el episodio del presidente de la AAT, Enrique Morea, y su apreciación de la derrota que recorrió el mundillo mediático: “Así no se puede jugar una Copa Davis. A Gaudio le falta fuerza mental”.



• Abrazo entre Calleri y Arnold Ker luego de vencer a Corretja/Costa por 6-3, 1-6, 6-4 y 6-2.


Mariano Zabaleta, quien reemplazó a Guillermo Coria, originalmente convocado por Luza, tenía excelentes antecedentes contra Moyá, pues ya le había ganado ese año en las semifinales de Bastad. Y también a Ferrero, en los cuartos de final en Kitzbhüel. Todo se encaminaba para bien. Gran servicio, drive demoledor, variantes. En poco más de 90 minutos mandaba dos sets a cero por sobre el mallorquín. Pero las sonrisas se borraron de pronto: cuando sacaba 2-2 en el tercero se tomó la pierna izquierda y se fue al banco para recibir un triste diagnóstico que anunciaba calambres masivos. No serviría de nada el esfuerzo y la voluntad del tandilense. Perdió 15 puntos seguidos y su producción se desvaneció, al igual que las pretensiones argentinas. En menos de una hora, desorientado y lento, perdió el cuarto y el quinto set y gran parte de la esperanza. Lo dijo Moyá: “La sensación que tengo es extraña. Estoy contento porque triunfé, pero la verdad es que Mariano mereció ganar el partido. Con su lesión cambió todo”.

Las penas se multiplicaron en el vestuario argentino, como hacía mucho tiempo no sucedía. Justo allí, en ese lugar sagrado, íntimo, donde el gladiador deja caer pesadamente su armadura al piso y observa sus heridas en carne viva. Donde sufre y ya no disimula los gestos de dolor. Allí donde nadie puede o debe penetrar, explotó la desazón, el desconcierto de hombres diezmados.



• El capitán del equipo argentino, Gustavo Luza, alienta la entrada de Gastón Gaudio para el quinto punto contra Carlos Moyá.


Pasamos al sábado, con el 0-2 y un doble inédito, tal cual había sucedido un año atrás en Rusia. Arnold Ker y Calleri se encontraron recién el miércoles previo, juntos, adentro de una cancha de tenis por algo trascendente. Tenían un antecedente lejano, en la Bundesliga -el Interclubes de Alemania- sin nada para destacar ni recordar. En Málaga fue otra historia: la experiencia y sutileza de Arnold Ker y el explosivo vigor de Calleri resultaron una combinación letal. Hicieron todo a la perfección, con pocos baches que se visualizaron casi con exclusividad en el segundo set. Después, las energías de los españoles, en especial de Corretja, se fueron más en pedir aliento que en jugar. Se vieron sumergidos en una caldera de gritos. En el tercero, el partido estuvo interrumpido más de cinco minutos en medio de discusiones. Cuando la Argentina ganaba 4-2 Costa sacó en desventaja, break point, e hizo un segundo saque claramente afuera de los límites. Arnold Ker lo contestó en forma displicente. Pero cuando estaba en camino a la silla disfrutando el 5-2, el umpire portugués Carlos Ramos dio la pelota como buena para los españoles, con el guiño del referee, el sueco Stefan Fransson. ¿Qué había pasado? El reglamento interpreta que si un jugador tiene la intención de jugar el punto, el mismo es válido, aún en ese caso donde el servicio había sido falta. Arnold Ker negó haber querido jugar el tanto. Pero Ramos no bajó a ver el pique. A pesar de ese mal trago, parecía que se podía dar vuelta el rumbo nefasto del fin de semana.

El doble fue otra vez bisagra: de los últimos diez jugados por nuestro país hasta allí, sólo se había perdido uno, contra Croacia, en 2002. Resultaba, entonces, altamente confiable. Con el 1-2 nos despertamos el domingo. Gracias a las flamantes variantes en las reglas oficiales, los capitanes podían cambiar a sus jugadores el tercer día. Antes, los singlistas del viernes debían jugar sí o sí el día final y sólo podían ser reemplazados si demostraban médicamente una lesión. La Federación Internacional de Tenis autorizaba a cambiar a uno o a los dos hasta una hora antes del inicio del cuarto punto y 10 minutos antes del quinto. Esto permitió la inclusión de Calleri por Zabaleta, decisión tomada por Luza de común acuerdo con jugadores y coaches. Se apostaba a que la conocida potencia de Calleri destruyera la regularidad de Ferrero y diera el batacazo dejándole el camino a Gaudio para definir ante un “hipotético” Moyá en baja. Calleri regresó a los individuales luego de más de dos años. El cordobés había jugado por última vez ante Canadá en 2001. Y maravilló a todos. Fue un ejemplo de claridad mental y táctica que le bastó para derrotar al Nº 1 del ranking en sets corridos, igualando la serie. Fue su gran día, jugando a todo o nada. La idea era no dejar que Ferrero tomara la iniciativa y así fue, nunca le encontró la vuelta al poder del “Gordo” y el 2-2 fue un hecho.



• El saque de Gastón Gaudio contra Carlos Moyá, cuando ya el quinto punto se escapaba de las manos argentinas.


Después de tantas lágrimas y con el sabor a milagro que brotaba de las entrañas de esa irregular cancha cercada por caños, Gaudio salió a cumplir el papel de paladín. Partió de los camarines elevado del piso por el apoyo y los gritos de aliento de todo el equipo. Pero 200 metros más adelante lo esperaba un jugador muy diferente al que todos pensábamos: Moyá jugó como si fuera un entrenamiento, todo lo que se propuso se tradujo en puntos a su favor y en escasas dos horas emuló a Calleri arrodillándose -curiosamente en el mismo lugar- marcando el paso de su país a la definición con Australia. También significó una batalla ganada para el corazón del español, porque su gente confiaba ciegamente en Ferrero y el que salvó las papas fue él. Sacudió a los suyos y a los nuestros, porque no hubo lugar para sorpresas.



• El final: Carlos Moyá cerró con una victoria de 6-1, 6-4 y 6-2 contra Gastón Gaudio y concretó el 3-2 a favor de España.


Se puede discutir hasta que las velas no ardan sobre Copa Davis. Cada uno dará su punto de vista y nunca habrá acuerdo, como en el fútbol o cualquier otro deporte popular: la continuidad de Luza, la supuesta “cama” de Coria y Nalbandian contra el capitán, las controversias con los dirigentes, si está bien que se mezclen padres, hermanos y entrenadores, la relación de los jugadores con la prensa;, las conjeturas si se ganaba seguro contando con los dos mejores rankeados, si estaba bien que fueran cuatro singlistas, etcétera. Los dueños de casa rieron último, tal cual lo habían programado. Porque no se les ocurría pensar en la derrota, al menos esa premisa sobrevoló el aire los días que precedieron al desenlace. España misma se cubrió de amarillo y rojo, es cierto, pero nadie tuvo en cuenta que, digan lo que digan, con el diario del lunes bajo el brazo, cuatro almas doloridas estuvieron a centímetros de arrebatarles todos los festejos.

Grupo Mundial - Semifinales
España a Argentina 3-2
Málaga, España, polvo de ladrillo
19-21 de septiembre 2003

Juan Carlos Ferrero (ESP) a Gastón Gaudio 6-4, 6-0 y 6-0
Carlos Moyá (ESP) a Mariano Zabaleta 5-7, 2-6, 6-2, 6-0 y 6-1
Lucas Arnold Ker/Agustín Calleri a Alex Corretja/Albert Costa (ESP) 6-3, 1-6, 6-4 y 6-2
Calleri a Ferrero 6-4, 7-5 y 6-1
Moyá a Gaudio 6-1, 6-4 y 6-2

* Presente en la serie disputada en Málaga.

© Copyrigth Eduardo Puppo - Prohibida su reproducción
Fotos: Sergio Carmona/España





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