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Tenis y solidaridad

• Martina Navratilova y Gabriela Sabatini en la presentación de "El Día" del tenis femenino en el BALTC.


Marzo 2009
Jugaron en la Argentina por una causa solidaria

Gaby y Martina, una lección de grandeza

Sonó el “gong” del mediodía y con la última campanada de las doce el sol agudizó su presión. La cancha uno del Buenos Aires Lawn Tennis Club, como siempre, lista. Con sus flejes relucientes y un par de sillas junto a una gran botella de agua sin gas, cerrada. A la hora exacta, traspuso la puerta que da a la calle Olleros una figura imposible de desconocer para los ocasionales seres humanos presentes, la mayoría cercanos al tenis. Sin demasiados prolegómenos, esa persona saludó a los organizadores que la esperaban, se cambió el calzado de “calle” por sus “tennis”, y allí fue, a los saltos y feliz, lista para comenzar su primer peloteo luego de un largo viaje desde París.

Fue el viernes 13 de marzo de 2009, marcando el inicio de las escasas 56 horas que estuvo en la Argentina. Pocos minutos bastaron para que todos los que tuvieron la posibilidad de verla, a unos metros apenas, se dieran cuenta que detrás del monstruo sagrado que representa, Martina Navratilova, de ella se trata, no demostró nunca su condición de inmenso personaje. Desparramó humildad en cada paso que dio, atenta y respetuosa.



En los contactos previos, pidió como favor que se utilizaran balls Penn con paño regular; allí estuvieron los tubos. Y un buen jugador para pelotear -en este caso Patricio Rudi, que llegó a estar entre los cuatrocientos mejores del mundo en 2001- quien se dispuso para oficiar de sparring oficial del único entrenamiento que hizo la zurda antes de su presentación estelar. Navratilova se adaptó enseguida a la superficie, esquivó los lógicos piques en falso del polvo de ladrillo, y en poco menos de sesenta minutos se dio por satisfecha: “Okay, listo, me siento muy bien”, dijo antes de ir a una sesión con la “fisio” que actuó en forma voluntaria. Almorzó en el club y partió para la Legislatura Porteña donde la declararon huésped de honor.



• Sabatini y Navratilova junto a María Luz Marín, una de las organizadoras.


Por el otro lado emergió, con el brillo increíble que irradia seguramente sin quererlo, el bondadoso aporte de nuestra mejor tenista histórica. Tampoco cobró un centavo para actuar, aceptó participar de la movida benéfica con la misma predisposición que su encumbrada exrival. Gabriela Sabatini, radiante, estilizada, entrenada y como una locomotora llevando toneladas de entusiasmo, dio el presente: “Apenas me contaron la idea quise estar. No podía fallar. Conozco desde hace muchos años a la gente que montó todo y quería ayudar a que se hiciera realidad”, expresó una y mil veces. Los condimentos de primera categoría presagiaban un suculento plato principal. Y así fue.



Todo nació un año y pico antes, cuando desde FAIAM, Fundación Miastenia Gravis, que lucha en el día a día para dar a conocer los síntomas de esa enfermedad neuromuscular autoinmune, se bocetó una potencial cena de gala para reconocer a las mejores tenistas del país entre 1900 y 2009. Gaby dio el sí en forma inmediata y hacia ese objetivo se enfocó la organización, comandada por la exjugadora María Luz Marín y el soporte indeclinable de Zina Shreiber, la por entonces presidente de la institución. Marín, amiga y compañera de Sabatini de River Plate en sus inicios, comenzó la búsqueda minuciosa de todas las número uno, las que llegaron al segundo lugar, las top-5 y las top-10 del país. El proceso demandó meses y meses de investigación con un resultado sorprendente y emotivo.



Mientras se trataba de llegar a la primera meta -encontrar a las descendientes de las más antiguas- entró en escena la campeona argentina Raquel Giscafré, primera de nuestro país en jugar un Masters, en 1975, y organizadora hasta 2008 del considerado mejor torneo de la WTA, en San Diego. Ella “tiró” otra idea que podía parecer descabellada: invitar a Navratilova a la cena. La propuesta mutó en alternativas tan cambiantes como quizás imposibles de corporizar, pero una tuvo aceptación inmediata: ¿qué tal si se armaba un partido contra Sabatini? La respuesta al llamado que Raquel realizó a Aspen, Colorado, fue espontánea: Martina no evaluó pros y contras de su viaje y dio su inmediato consentimiento.



• Cerca de 5200 espectadores en el estadio del Buenos Aires Lawn Tennis Club el sábado 14 de marzo de 2009.


Allí se generó la siguiente “misión”, no menos trascendente y compleja: lograr que Gaby volviera a pisar una cancha de tenis, con toda la carga de responsabilidad que ello implica. Ella sí puso condiciones: pidió tiempo para estar en la mejor forma física y técnica posible, demostrando su profesionalismo y respeto para quienes potencialmente la observarían. A partir de allí se la vio junto a Paola Suárez durante largas y cansadoras sesiones de cancha en diferentes lugares: el mismo Buenos Aires, el Vilas Club, el Tenis Club Argentino. Los cuerpos doloridos por la renovada función a los que fueron exigidos no lograron ocultar sus sonrisas después de cada sesión, con la vista fija en mediados de marzo.



• Un doble de alto vuelo: Sabatini/Navratilova vs.Tarabaini/Suárez.


Cerrada la fecha en que Martina y Gaby podían unirse en el mismo lugar y a la misma hora, comenzó otra dura tarea en época de crisis económica: encontrar a las empresas que acompañarían la cruzada, para paliar los distintos y altos costos que insume el montaje de algo extremadamente puntilloso, riesgoso y cansador. El escenario “caía” por su propio peso y no tardó en concretarse: el estadio central del Buenos Aires LTC estuvo disponible gracias a sus directivos. Un buen punto de partida.

Para comenzar con la concientización general sobre la Miastenia Gravis, Sabatini propuso hacer spots televisivos mencionando los síntomas. Nada más sincero y contundente, que tuvo resultados admirables e impactantes: a través de TyC Sports se emitieron centenares de veces tres versiones grabadas por ella y fruto de esas apariciones se sucedieron los llamados de gente que descubrió la enfermedad. En definitiva, al contactarse con la Fundación y comenzar con los tratamientos, salvaron sus vidas. Tan extraordinario como efectivo.



El siguiente ítem fue armar la gran cena para galardonar a todas las tenistas y ultimar los detalles de rastreo, aquí y en el exterior. Había “figuritas difíciles”, que sin embargo respondieron gustosas a la convocatoria. Desde los Estados Unidos arribaron por un par de días jugadoras como Emilse Raponi de Longo, Adriana Villagrán, Patricia Tarabini, Margarita Zavalía y la misma Giscafré; desde Suiza lo hizo Susana Villaverde; desde Francia llegaron Ilse Buding y Fabiana Ciorciari, desde el interior del país Ivanna Madruga, Mercedes Paz, Mariana Pérez Roldán, Inés Gorrochategui, Liliana Giussani, Clarisa Fernández, Betina Jozami, Graciela Pérez, Bettina Fulco… Y cientos más que se reencontraron luego de tantos y tantos años sin verse. El tenis las volvió a unir y ese, tal vez, haya sido uno de los picos más relevantes del terremoto emocional que provocó la iniciativa.



• Claudia Casabianca –campeona del US Open junior en 1977– y sus alumnos formaron parte de la movida solidaria.


Poco a poco se unieron los extremos. El hilo lógico de enlace generacional fue tomando forma. Las estrellas actuales dieron su conformidad para utilizar sus nombres en la difusión, al igual que otros jugadores que viven fuera de la Argentina. Se sucedieron los apellidos ilustres en todos los niveles: Juan Martín Del Potro, David Nalbandian, Guillermo Coria, Juan Ignacio Chela, Lucas Arnold Ker, Guillermo Cañas, Franco Davin, Javier Frana, Gastón Gaudio, Martín García, Juan Mónaco, Julián Ganzábal, Franco Squillari, Lito Alvarez, Horacio de la Peña, Colo Gattiker, Charlie Junquet, Luis Lobo, Gabriel Markus, Ricardo Rivera, Tito Vázquez, Gerry Wortelboer y hasta los uruguayos Diego Pérez y Marcelo Filippini y hasta el brasileño Carlos Kirmayr, el coach con quien Sabatini obtuvo el US Open 1990…

La masa de espectadores que asistió para disfrutar de “El Día” del tenis femenino en el Buenos Aires (cerca de 5.200 espectadores, con entradas agotadas), no paraba de alegrarse e impresionarse viendo quiénes estaban citados. Muchos de los tenistas, la mayoría, vivieron momentos de gloria en ese rectángulo anaranjado: Martín Jaite, Norma Baylon, Claudia Casabianca, José Luis Clerc (encargado del Kid's Day en la previa de la exhibición), Ricardo Cano, Gustavo Luza, Beatriz Araujo, Mariano Hood, Fernando Dalla Fontana, Florencia Labat, Alberto Mancini, Daniel Orsanic, Enrique Caviglia, Mariana Díaz Oliva, las nombradas Paz, Fernández, Gorrochategui, Fulco, Giussani, Madruga, etc.



• Navratilova observa la escultura que le obsequiaron, obra del artista plástico cordobés Daniel Masi.


Ya frente a frente, el sábado 14 de marzo de 2009, Martina y Gaby mostraron en varias oportunidades la lujosa técnica que las caracterizó dentro del circuito. Poco importaba, claro. Pero ninguna quiso restarle seriedad y por eso la gente les agradeció de pie. Si hasta la misma celebridad visitante pidió por favor que frenaran los aplausos porque parecía que le “explotaba el corazón”. La ovacionaron cerca de tres minutos, algo que no sucedió muy seguido en nuestro país y nadie encontró rápidamente en su memoria haber presenciado una situación similar, un tributo tan conmovedor, vibrante, estremecedor. Jugaron y la argentina se quedó con el set pactado, por 6-4. Y luego regresaron, para unirse y vencer a PoSuárez y Pato Tarabini, medallistas en Atenas 2004, por 5-4 tras reanudarse por una intensa pero pasajera lluvia que hasta arrojó granizo sobre la mítica cancha. Fue como una “bendición” divina, que aplacó el intenso calor pero no amilanó a ninguno de los presentes, quienes tras el paréntesis volvieron a sus asientos tan interesados y contentos como antes.

Los que aman al tenis de verdad y tuvieron la posibilidad de estar en “El Día”, lo guardarán para siempre entre sus recuerdos más gratos, tal cual expresaron al abandonar los bosques de Palermo. Todos, convencidos de haber sido testigos de poco más de dos horas maravillosas, irrepetibles. Y aquellos que fueron parte de “La Noche”, ya estrechamente ligados con este deporte, dieron letra para la porción de historia que apuntala a la gran historia. Muchas tenistas expresaron con lágrimas la euforia de ser revaloradas y se llevaron para sus casas una imagen indestructible basada en la alegría y el reencuentro, elementos que ninguna cuenta bancaria alcanzaría para pagar.



• Más de cuatrocientas personas relacionadas con el tenis asistieron a "La Noche" del tenis femenino en el Hotel Panamericano.


La velada en los excelentes salones del Hotel Panamericano no tuvo desperdicio porque circularon todas las campeonas o sus parientes más cercanos, que heredaron un legado que muchos ni siquiera conocían en profundidad. Fue único, por el simple hecho de haber aprovechado las últimas oportunidades físicas de condensar tanta magia y tanta consideración en una misma porción de espacio. Algunos tardaron en descubrir quién era el otro, pero apenas salvado el desliz involuntario, producto inexorable del tiempo transcurrido, se fundieron en abrazos interminables, infinitos, desequilibrantes.



Allí desfilaron las descendientes de las que dieron los primeros pasos competitivos, transportadas por un relato que las enmudeció. Y todas estas apreciaciones no son exageradas, sino capturadas de las voces que se escucharon en cada rincón del club y del hotel. Apellidos como Chawner, Boadle, Anderson, Fraser, Mackenzie se fusionaron con otros que sonaron más familiares para los veteranos, como Ezcurra, Rendtorff, Obarrio de Aguirre, Ricketts, Bushell, Giusti, Rutherford, Piédrola. Ellas le pasaron la posta a las que contaron con un poco más de exposición como Terán de Weiss, Lehmann, Buding, Hanson, Zavalía Bunge, Somoza, Morán, quienes fueron privilegiadas predecesoras de las generaciones siguientes hasta la actualidad.



Martina, en tanto, dejó el hotel rumbo a Ezeiza el soleado domingo 15 de marzo. Se despidió con una frase casi inverosímil para su posición: “Nunca viví tanta exaltación visitando un país; creo que yo debería pagar por haber estado aquí, jugar con Gaby y sentir la gratitud de los argentinos”. A cada palabra sus ojos no pudieron evitar el sollozo, otra muestra de fortaleza espiritual que la catapultó más arriba todavía en la consideración de quienes estuvieron cerca suyo.



• El momento de la despedia de Navratilova, en el vehículo que la llevó hasta el aeropuerto. Dialogan María Luz Marín –organizadora–, Zina Shreiber –en ese momento presidente de la Fundación FAIAM–, Martina y Gabriela.


Entonces sí, la gente de la Fundación fue a cerrar su habitación, haciéndose cargo de los gastos, como corresponde para una invitada de su porte. En la recepción chequearon todos los rubros y en la columna de los “extras”, tan conflictiva en el instante de abandonar una estadía en cualquier lugar del mundo, parpadeaba una cifra de un dígito que terminó de confirmar la absoluta grandeza que caracteriza a la mejor tenista de todos los tiempos: cero.

* Puppo fue uno de los generadores y organizador de “El Día” y “La Noche” del tenis femenino en 2009.

Navratilova en la Argentina

Estuvo cuatro veces para jugar en nuestro país. La primera entre el 25 y el 28 de julio de 1979, para una exhibición en el Club Obras Sanitarias. Le ganó la final a la estadounidense Billie Jean King por 6-3 y 6-4. Regresó entre el 29 y el 30 de julio de 1980, también en Obras para un cuadrangular, quedándose con la copa en juego por suma de victorias tras vencer a la holandesa Betty Stove y a la cordobesa Ivanna Madruga. El 9 de diciembre de 1994 jugó contra la española Arantxa Sánchez Vicario en Costa Salguero perdiendo por 3-6, 6-2 y 7-5; formó parte de su despedida mundial. Finalmente lo hizo contra Gabriela Sabatini en el Buenos Aires Lawn Tennis Club el 14 de marzo de 2009, en una exhibición a beneficio.


© Copyrigth Eduardo Puppo - Prohibida su reproducción
Fotos: Sergio Llamera/slphotosports.com / Roberto Castro / Jennifer





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