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Historia/Creación WTA

• La abanderada del movimiento femenino en el tenis, la estadounidense Billie Jean King, durante su visita a Buenos Aires en 1968, a dos años del primer gran paso de las damas en el circuito profesional.


1970. Una extensa lucha por la igualdad
Temblores que fortalecieron al tenis femenino

Tras el Abierto de los Estados Unidos de 1970 las jugadoras de elite analizaron la faz económica preguntándose dónde estaban paradas. Un hecho concreto las movilizó: la australiana Margaret Smith Court, ganadora del Grand Slam esa temporada -los cuatro grandes torneos- había acreditado apenas un tercio de lo obtenido por el campeón de singles masculinos, su compatriota Ken Rosewall. Los organizadores de los torneos de esa época consideraban apropiada la diferencia, pero las tenistas no pensaban así.

Fue el 23 de septiembre de aquel año, a dos semanas de la final del Grand Slam neoyorquino, cuando las jugadoras top decidieron intentar cambiar la historia: a través de Gladys Medalie Heldman -quien las representaba, directora de la emblemática revista World Tennis, fallecida el 22 de junio de 2003- alzaron su voz firmando un convenio simbólico para jugar torneos paralelos. El primero de ellos tuvo 5.000 dólares en premios, puestos por la misma Heldman, y lograron organizar en total tres certámenes.



• Certificación de las "sentadas" de jugadoras profesionales en señal de protesta, en 1978. La argentina Elvira Weisenberger comandaba la WITA, una entidad paralela a la WTA con el fin de establecer parámetros más justos en la distribución de premios y puntos.


En represalia, la USTA (United States Tennis Association) impidió que las jugadoras de ese país pudieran participar de los Grand Slam y ser elegidas para los equipos de Copa Fed. El motivo fue la irreverencia expuesta hacia quienes dirigían el tenis en ese momento. Pero a las protagonistas no les importó y redoblaron la apuesta ya que en 1971 los torneos fueron 19. La USTA visualizó que no era conveniente chocar con las mejores tenistas del mundo y dio un paso atrás.

En 1973 se produjo el hito que ratificó el triunfo de las mujeres en su lucha por la igualdad: la emprendedora estadounidense Billie Jean King le ganó la famosa “Batalla de los Sexos” a Bobby Riggs, excampeón de Wimbledon. Ese hecho representó el vía libre para la autonomía del tenis femenino y desembocó en la creación de la WTA (Women's Tennis Association) en el '73, con King como primera presidente y Martin Carmichael como CEO.
Inmediata y curiosamente, la USTA colocó a sus torneos en el calendario de la WTA, auspiciado en ese entonces por la tabacalera Virginia Slims. Y eso no fue todo: el Abierto de los Estados Unidos fue el primer torneo de la historia en otorgar la misma cantidad de dinero en premios a hombres y mujeres.

Como consecuencia de esas variables el aumento del dinero para la campeona de singles en Nueva York varió de 3.000 a 25.000 dólares en apenas tres años. Y 33 ediciones más tarde, en 2006, la rusa Maria Sharapova se llevó un cheque que superó por primera vez el millón de dólares (1.200.000) por su triunfo en el single damas en Nueva York.



• Recorte periodístico donde se detalla la lista de puntos que la WITA para sus circuitos.


La WTA velaba por los intereses del tenis femenino y se encargó de mejorar las condiciones en todos los aspectos. En 1978 no estuvieron de acuerdo con el dinero en premios que aportaría su principal auspiciante (Virginia Slims) y consiguieron el apoyo de la firma de cosméticos Avon, cuyo nombre tomó el circuito desde 1979. Fueron los “Avon Championships”, que clasificaba luego de una serie de torneos en el primer trimestre del año a las ocho mejores para un certamen final en el Madison Square Garden de Nueva York. Tres años antes ya existía un símil del Grand Prix masculino: el Colgate Series, que sumaba los puntos de todos los certámenes que jugaran las mujeres luego de los Avon, incluidos los Grand Slam, para desembocar en otro Masters final que tenía su sede en Palm Springs.

A King le sucedieron otras grandes del tenis para comandar la WTA: Chris Evert, Betty Stove y Martina Navratilova, entre otras. El avance resultó tan descomunal que el circuito femenino fue considerado en varias ocasiones como más atractivo que el de hombres: temporadas con duelos como el de Evert-Navratilova, Seles-Graf, Sabatini-Graf y las hermanas Williams, entre otros, eclipsaron ciertos pasajes en baja del periplo masculino. Todo esto, gracias a la gran revolución generada por un pequeño grupo de emprendedoras.





• Arriba, la checo-estadounidense Martina Navratilova. Abajo, la estadounidense Chris Evert. Ambas ejercieron el cargo de presidente de la WTA en diferentes períodos.


La “WITA” original

El fin de semana del 14 y 15 de mayo de 1977 se creó en Roma la WITA (Women's International Tennis Association), con el firme propósito de defender los intereses de las jugadoras en los torneos fuera del territorio de los Estados Unidos, propagar el tenis femenino desde las bases y realizar una clasificación mundial que tuviera en cuenta todos los certámenes organizados profesionalmente y no únicamente los estadounidenses.

Las interesadas también propusieron generar un circuito especial con sedes en Latinoamérica y Europa. Tuvo la adhesión de 150 tenistas y una de las elegidas en el directorio fue la argentina Elvira Weisenberger, ocupando la presidencia, secundada por la uruguaya Fiorella Bonicelli como vice y la española Vicky Valdovinos como secretaria. Formaron parte del Consejo Directivo inicial la italiana Daniela Marzano, las francesas Brigitte Simon y Gail Lovera y la estadounidense Cendy Thomas, quedando como Director Ejecutivo el abogado italiano Dino Papale (ver nota Weisenberger).
Los países que apoyaron la reunión constitutiva -y la tenista o entidad que los representaría en adelante- fueron: Argentina (Susana Villaverde), Australia (ANTA), Bélgica (M. Gurdal), Checoslovaquia (M. Pinterova), Francia (G. Lovera), Hungría (E. Szabo), Italia (AIT), Japón (N. Sato), España (C. Perea), Nueva Zelanda (P. Elliott), República Federal Alemana (I. Riedel), Rumania (F. Mihai), Uruguay (F. Bonicelli), los Estados Unidos (C. Martínez, E. Dignam y C. Lane), Brasil (V. Cleto), Chile (S. Urroz), Dinamarca (H. Sparre); Indonesia (E. Nizarvan), Suiza (M. Simmen), Suecia (H. Anliot); Gran Bretaña (BWTA); Canadá (V. Komar y B. Brankoska) y Yugoslavia (M. Jausovec).
Para el ranking que armaría la WITA se dividieron los torneos en cuatro categorías, incluso incorporando las actuaciones en certámenes regidos por la WTA.

-Categoría AA: Wimbledon y Forest Hills
-Categoría A: los once torneos del circuito Virginia Slims, el Abierto de Australia, Roland Garros, Roma y Hamburgo
-Categoría B: el circuito Exploit organizado por la WITA junto a Niza, Montecarlo, Bournemouth, Beckenam, Berlín, Edimburgo, Bastad, Indianapolis, Toronto, Atlanta, Phoenix, Perth, Johannesburgo, Malmoe, Capetown, Melbourne, Taormina, Kitzbuhel y la Dewar Cup
-Categoría C: los torneos del circuito Ellesse (llevado adelante también por la WITA) y otras 26 pruebas internacionales con menores premios en juego

Se implementó que las tenistas que superaran las etapas previas, de clasificación, tuvieran 3 puntos de bonus en las categorías AA y A y 1 punto en las B y C; y las que vencieran a una ubicada en los primeros planos sumara 9 puntos extra (del 1 al 10); 6 puntos (del 11 al 20) y 3 puntos (del 21 al 30). Significó el empujón inicial para que la WTA -con sede en San Francisco, Estados Unidos- reaccionara y cobijara -casi tres años más tarde- bajo un mismo manto a todas las jugadoras profesionales. En 1986 se varió la denominación y se utilizó WITA -con un logo modernizado- hasta 1989 inclusive. En el '90 rediseñaron nuevamente el logo y retomaron el nombre original de WTA.

Peleábamos para no ser relegadas

Por Elvira Weisenberger *

Mi historia con respecto al reconocimiento del tenis femenino comienza con la llegada de los premios en dinero. A fines de 1969, si mal no recuerdo, se hizo el primer registro de profesionales de tenis, habilitándonos a cobrar premios en efectivo. Debo haber sido una de las primeras en anotarme. Inmediatamente vino la comparación por las diferencias que existían con los hombres en cuanto a las ganancias, las canchas en que jugábamos y los beneficios secundarios como alojamiento, comida, transporte, etcétera. Temas conversados entre nuestras compañeras jugadoras desde siempre.

La razón que se exponía era una y otra vez la misma: “El tenis masculino atrae más que el femenino”. Los organizadores, los periodistas y los jugadores pensaban así y también la mayoría de las jugadoras creía lo mismo, aunque en semifinales y finales de damas las tribunas se colmaban de público. En 1973 se creó la WTA (emulando a la ATP), en una reunión en la que participé con el mayor entusiasmo. Allí tuve oportunidad de conocer a Billie Jean King, que aplicó su garra demostrada en la cancha para la formación de esta asociación que después de muchísimas dificultades tuvo éxito.

Inicialmente la misma WTA comenzó a proteger a las mejores del mundo y a desconocer al resto. Realizaban torneos de 32 jugadoras, por ejemplo los Virginia Slims, y por supuesto las que entraban en el cuadro ya ganaban puntos aunque perdieran en primera rueda. Las demás quedaban afuera sin posibilidad de obtener puntaje alguno, que hacía imposible mejorar la posición en el ranking mundial. Por otro lado, la WTA daba puntajes muy bajos -o ninguno- a los torneos que se jugaban en Europa y en otras partes del mundo. Esto abarcaba también a Roland Garros pero no a Wimbledon.

En esos años, las mejores tenistas eran estadounidenses, británicas, australianas y algunas otras europeas, todas acostumbradas a las canchas rápidas. La WTA, dirigida por ellas, impulsaba la competición en ese tipo de canchas y desvalorizaba las de polvo de ladrillo. Para sintetizar, si una profesional no jugaba en los Estados Unidos, casi no acumulaba puntaje y aparecía en el final del ranking. Así se fue gestando la idea de formar una asociación mas “internacional” y desembocó en la Women's International Tennis Association (WITA), que contemplaría a todos los torneos que se jugaban en el mundo, otorgándoles un puntaje según la categoría, originada por el dinero en juego, tal cual hacía la ATP y sin importar la superficie o el país sede.

Mientras armábamos las bases fui nominada para estar en el directorio de la WTA, para la temporada 1976. Fue curioso, porque aquello que debería haberme halagado terminé dejándolo de lado. En el nombramiento de Jerry Diamond, Director Ejecutivo, figuraban para el Board of Directors King, Evert, Casals, Stove, Durr, Overton DuPont, Kloss, Reese y Paish. En la lista fuera del directorio estaban Heldman, Hogan, Beaven, Mappin, Turnbull, Navratilova, Newberry, Teeguarden, Ziegenfuss y yo. Todas elegidas para ser votadas e integrar la comisión para el año siguiente. Las únicas dos “no elegibles”, que fueron designadas para representar a Sudáfrica y Sudamérica, éramos Kloss y yo. Rechacé ese nombramiento porque ya conocía la política.

Continuamos avanzando, se consiguieron auspiciantes (Ellesse y Exploit Atkinsons) y formamos la asociación con el aporte de Dino Papale, un abogado italiano, esposo de una extenista francesa de Primera Serie, Evelyne Terras. Muchas de las jugadoras europeas y del resto del mundo se afiliaron y comenzaron los torneos en mayo de 1977, junto al nuevo ranking. En abril de 1978, con dos circuitos y un Masters en cada uno, comenzamos la actividad mucho más fuertes. En Niza hicimos una sentada con pancartas en la cancha principal, durante media hora, en reclamo de más dinero, más viáticos y el otorgamiento de canchas mejor ubicadas y con tribunas. Allí estuvimos junto a Sylvie Rual, Brigitte Simon, Dominique Beillan, Nathalie Fuchs, Carmen Perea, Fiorella Bonicelli, Helena Anliot y María Victoria Baldovinos ,entre otras.

Tuvo gran repercusión mediática, con fotos en los medios donde se veían los carteles que decían “No dejen morir al tenis femenino” o “Los impuestos deben ser proporcionales a las ganancias”, ya que se pagaba un 48% de los premios. Fuimos escuchadas y se nos elevó el monto de los viáticos.

En lo personal, sabía que era mi temporada final como jugadora y en julio comencé a desvincularme ya que en agosto disputaría mi último torneo. Ya para 1979 la WITA tenía organizadas 23 paradas con 6.000 dólares en premios cada una y un reconocimiento de la Federación Internacional. Tuvo gran espacio en los medios europeos, como L'Equipe, Il Tennis Italiano, Tennis de France, entre otros, que publicaron los detalles de la flamante agrupación. El proceso produjo una reacción de la WTA, mejorando la situación en Europa, dándole más importancia a los torneos y más puntaje. Sé que hubo reuniones con Papale pero desconozco los términos, aunque la WTA pasó a llamarse WITA, quedando como única asociación durante varios años.

En tanto, en la Argentina, ya nos habíamos unido a comienzos de 1975 y, entre 1978 y 1979, le dimos gran impulso a la Asociación Femenina de Tenis Argentino (AFTA). Nació con fuerza gracias al apoyo de las mejores jugadoras nacionales en ese momento y nuestro auspiciante fue la empresa de indumentaria deportiva Olimpia. Surgió a raíz de un enfrentamiento con los dirigentes del torneo del Náutico Mar del Plata, en febrero del '78, por las malas condiciones de juego para las mujeres y yo me transformé en delegada de la futura asociación.

En el caso puntual del Náutico, los organizadores ofrecían alojamiento sólo para las cuatro primeras -éramos dieciséis- y apenas 900.000 pesos a distribuir además de no realizar la prueba de doble damas. Nosotras pedíamos hacer el doble con 450.000 pesos en premios y las comidas para todas. Pero ofrecieron sólo 150.000 en efectivo y sin viáticos, cosa que no aceptamos de ninguna manera y las profesionales decidimos no jugar. Si bien se presentó tarde la propuesta, veníamos siendo relegadas siempre. Por eso seguimos adelante con firmeza.

Los objetivos eran: organizar eventos en distintas zonas del país para promover el tenis en todas las provincias, desarrollar un calendario o circuito a lo largo del año, para que las tenistas argentinas pudieran ganar experiencia para un futuro como profesional, adoptar un sistema de puntaje igual que el internacional y establecer los rankings, estandarizar las reglas para que gobernaran a todos los torneos del país, promover torneos para muchas jugadoras antes que exhibiciones para dos o cuatro, etcétera. Eran buenas ideas que lamentablemente no pudimos continuarlas por problemas económicos.

* Fue presidente de la WITA original, paralela a la WTA, formada en 1977, y de la AFTA en la Argentina, en 1978.

Unión en la Argentina: nacimiento de la “AFTA”

A comienzos de 1975 la Asociación Argentina de Tenis recibió una carta oficial de la AFTA, Asociación Femenina de Tenis Argentino. En la misiva se explicaban los objetivos de la flamante asociación civil en vías de habilitación, con un fin preciso: promover el tenis femenino local.

La Comisión Directiva quedó constituida así: Raquel Giscafré (Presidente); Marta Fernández Ruiz de Galli (Vicepresidente 1º); Graciela Morán (Vicepresidente 2º); Margarita Zavalía (Secretaria); Patricia Bianchi (Prosecretaria); Graciela Trinchinetti (Tesorera); Elvira Weisenberger, Inés Roget, Mabel Vrancovich (Vocales Titulares); Patricia Candegabe y Beatriz Krom (Vocales Suplentes). La sede fue en Moldes 2218, Capital Federal.

Por diversos motivos se fue diluyendo hasta que tres años después, el 21 de marzo de 1978, volvieron a unirse para retomar la entidad luego de dos reuniones: tras el torneo del Náutico Mar del Plata y el de Ituzaingó. Las tenistas formaron la nueva Comisión Directiva: Weisenberger (Presidente); Morán (Vicepresidente); Daria Kopsic (Vicepresidente 2º); Ruiz de Galli (Secretaria); Roget (Prosecretaria); Trinchinetti (Tesorera); Adriana Korn (Tesorera suplente); Cecilia Barbat, Roxana Griehl y Beatriz Villaverde (Vocales); Diana Flikier y Annelie Czerner (Vocales suplentes).

© Copyrigth Eduardo Puppo - Prohibida su reproducción
Fotos: Tetralogía Historia del tenis en la Argentina / Lorenzo y Francisco Oliva / Sergio Llamera/slphotosports.com





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